zizek en santiago
Pasó Zizek por Santiago y no decepcionó en ningún aspecto. Pasó ampliamente del texto de la conferencia que se había repartido previamente "tolerancia multicultural como ideología", y cargó con inteligencia y brillantez contra los excesos del capitalismo global, su conversión en "único sistema económico posible", contra las estrategias que adopta para presentar una cara humana, contra los intelectuales de izquierda que preconizan la revolución convencidos de que hablando de ella nunca se producirá y podrán seguir manteniendo su privilegiada posición: críticos con el sistema y al tiempo disfrutadores de sus beneficios a nivel personal, contra Zapatero y la bobada ésta de la alianza de civilizaciones (alguien debería decírselo de una vez), contra el buenrrollismo multiculturalista y sus hipócritas manifestaciones y así durante casi cuatro horas. Por medio, disertaciones sobre las habas venezolanas que no producen gases, sobre los guarrísimos baños públicos alemanes y su relación con la literatura y la filosofía germana, Tom y Jerry como ejemplo ilustrativo de algo que no recuerdo ahora, la necesidad de ser intolerantes con alguna gente (si uno se pone a ello es capaz de encontrar rasgos de humanidad en cualquiera, hasta en Hitler), la "culturización de la política" que pretende reducir los enfrentamientos a conflictos entre culturas, la necesidad de estar situados sobre la propia identidad nacional desde una perspectiva que problematice la relación con ella en vez de constituir un "lugar seguro" en el que refugiarse y así casi hasta el infinito. Arrollador, volcánico, lúcido, yéndose por las ramas profusamente en las respuestas. Un privilegio.


Zizek y Beiras, cheek to cheek


[Al salir del Edificio del Consello da Cultura Galega en plena Plaza del Obradoiro, unas trescientas personas cargadas con banderas de Espannña, escuchaban a alguien que armado de micrófono emitía los mensajes habituales de la derecha ultra camuflada últimamente bajo las siglas de un partido democrático. El contraste, el paso de una situación a otra, fue brutal, un baño de realidad -más bien de mugre- difícil de describir]
héroes, cap. 18

- verá, creo que llega un momento en que un hombre comienza a preguntarse si desea una vida feliz o una vida con sentido
- me gustaría tener ambas
- eso no puede ser; son dos caminos muy diferentes. Quiero decir, para ser verdaderamente feliz un hombre debe vivir completamente en el presente. Sin pensar en lo que pasó ni en lo que pasará. Pero, en una vida con sentido, un hombre está condenado a NO olvidar el pasado y a obsesionarse con el futuro.

[las series de TV: a años luz de casi todo el cine que se produce últimamente]
políticas de lo peor (y 2)
Leyendo las noticias que hablan de cómo la cúpula de la derecha española calienta motores de cara a las concentraciones del sábado, encuentro en Le Monde Diplomatique del mes de Marzo un artículo titulado "Zapatero y la herencia del franquismo" de Jose Manuel Fajardo en el que, de manera sencilla se data con exactitud el origen de toda esta marea de protestas callejeras, que con las excusas más variadas pretenden deslegitimar al gobierno actual desde hace ya tres años.

Bien podría decirse que la transición consistió, básicamente, en que los vencedores de la guerra civil aceptaron dejar de perseguir a los perdedores de la guerra a cambio de que éstos no les pidieran cuentas ni sobrepasaran ciertos límites. Es ahí, en ese momento histórico, donde está el origen de la crisis política que hoy atraviesa España.

El resultado de aquel pacto fue que la democracia se asentó por fin en territorio español, tras siglos de frustrados intentos, pero sin llegar a resolver el que ha sido el conflicto básico del país desde la pérdida del imperio en 1898: su definitiva configuración como Estado.
[...]
En realidad, la tarea emprendida por Zapatero no es otra que la de librar a la democracia española de los últimos condicionamientos del franquismo. La oposición del PP en este caso muestra el vínculo sentimental e ideológico que todavía ata a la derecha española con el pasado dictatorial, cuya condena explícita se ha negado a suscribir.

Mientras, el juicio del 11-M va derribando una por una todas las tesis de la conspiranoia. Enloquecidos, como gallinas descabezadas, los líderes populares jaleados por sus gurús ultras corren cada vez más deprisa hacia un abismo de profundidad incierta.

(Y que aburrimiento, por cierto, encontrárselos todos los días a todas horas derrochando bilis con rostro de ofensa perpetua en todos los periódicos y cadenas de televisión)
little annie + baby dee
El sábado pasado abrió la edición 5.0 del festival sinsalaudio. Después de meses de sequía en lo que a conciertos se refiere, volvimos a respirar el ambiente que rodea a estas citas que supera con mucho lo que se suele entender habitualmente como "meramente musical": gracias a ese algo intangible, las convocatorias sinsaleras se van convirtiendo en una suerte de culto pagano en el que los rituales no suelen defraudar ni al creyente ni al escéptico. Este primer concierto fue una muestra de esa cualidad a la que prefiero no etiquetar.

Abrió Little Annie, y paseó ante la audiencia un repertorio en el que lo pop se fusionaba de manera exquisita con el cabaré. Histriónica, algo pasada de rosca, escasa de voz en algunos instantes y a veces, hasta ligeramente desorientada, la cantante neoyorquina llegó al alma oculta de un puñado de canciones pop a base de despojarlas de todo maquillaje: reducidas a un ligero fraseo pianístico y a una interpretación desencajada, transitaron por la desolación, el abandono y la pena de manera conmovedora. A continuación, Baby Dee, -la versión trash de Antony o bien el artista camuflado bajo el psicópata de "el silencio de los corderos"- cambió de registro radicalmente: voz de contralto para canciones extrañas que hablaban de amor y desamor básicamente. Un piano, un arpa y un acordeón. El concierto, tras el paso abrasivo de Little Annie se volvió algo plano debido a la similitud de todas las canciones, y, decaído el tono de los aplausos la propia Baby Dee lanzó un comentario de una considerable mala leche: "siento no ser tan buena como Little Annie. Quizás no debería haber dejado de beber" (más o menos). Para mi gusto demasiado sobreactuada, excesivamente chocante y toda su actuación algo homogénea de más, como una única canción repetida 15 veces con ligeras variaciones. Por supuesto, críticas menores, claro, la valoración de la velada, como es habitual, sobresaliente alto.
futuro perfecto
El Viernes 9 estaré en Santiago d.C. escuchando la conferencia que dará Slavoj Zizek!!! (aún no me lo creo, seguro que llego y se ha suspendido o algo por el estilo). El Martes 3 de Abril, estará en Vigo Bonnie Prince Billy y estaré allí para escucharlo. Aún no me lo creo, etc etc. (Hablando del bueno de Will, encontré en youtube las tres partes del anuncio de su disco "the letting go": impagables:)









palabras al ácido
Tengo una reunión en el colegio a la que voy un poco a disgusto, en parte porque me siento exagerademente perezoso, en parte porque experimento una quemazón de baja intensidad consecuencia de que estamos ya en Marzo. Escucho con atención a mis compañeros. Hablan de adaptaciones curriculares, de grupos de diversificación, la entrada en vigor de la nueva ley el curso que viene, miles de cosas que son cruciales en un centro educativo. Hacia el final, como siempre, comienza la retahíla habitual de quejas, el carrusel de pequeñas desgracias en el aula típico de estas reuniones al que me sumo con desgana. Una de mis compañeras favoritas dice algo como, vale ya de quejas, debemos ser optimistas, y, sin darme ni cuenta, entro en erupción y digo varias tonterías sobre lo inútiles que son las categorías "optimista" o "pesimista" en nuestro trabajo y que agarrarse a ellas es infantil, que la base de nuestra profesión es la experiencia, etc. Sin quererlo, suena vitriólico, un volcán de bilis arrasando territorio amigo. Me arrepiento un segundo demasiado tarde pero el chorreo ya ha tenido efecto, algunas miradas suenan como uñas que se rompen o huesos que crujen. Un poco de lava sobre alguien que me cae bien. Siento vergüenza de mí mismo. Pero eso no arregla nada. Acaba la reunión, salgo afuera y trato de hundirme en la noche, un frío terminal me recorre y me pregunto si hay un pozo cerca para tirarme un rato. No lo hay. Sumergido el silencio del coche me asombro de no tener respuestas. A estas alturas.



políticas de lo peor
La actual deriva ultra del partido popular comienza a ser realmente preocupante. Como si, perdido ya cualquier pudor anterior como vergonzantes herederos del franquismo que no pueden dejar de ser, hubieran decidido que la única idea correcta de España es la suya, la única forma adecuada de gobernar la de ellos y el único modo de gestionar los problemas más delicados fuera salir a la calle pertrechados de banderas preconstitucionales, pancartas y lemas insultantes y compañeros de viaje como la Falange y los simios de Ynestrillas. Así, tras las elecciones de hace tres años, perdido el poder en unas elecciones que siempre consideraron ilegítimas, comenzaron a amenazar con el apocalipsis cada semana: el atentado del 11-M, la ley de matrimonios homosexuales, la reforma de la ley de educación, la retirada de las tropas de Afganistán, la reformulación de los planes hidrológicos, la reforma del estatuto catalán, el plan para liquidar el problema etarra, etc, etc. Cada decisión gubernamental era continuada por una cascada de insultos, descalificaciones, movilizaciones callejeras y mensajes nada velados sugiriendo un gobierno ilegítimo, una catástrofe nacional, el final de la familia, el colapso de la sociedad y la llegada del anticristo a lomos de una bestia de once cuernos.

Incumplidas todas las profecías catastrofistas, sólo queda que ellos mismos las hagan realidad. Liquidada por la vía judicial la teoría de la conspiración del 11-M, cargan las tintas sobre el espinoso asunto del etarra en huelga de hambre, tomándolo como base para una nueva algarada callejera en la que unir sus manos con la de los cachorros de la ultraderecha a los que ya parecen haber adoptado como hijos propios. Este fin de semana, una luminaria de las letras españolas en la línea de los Pemanes y Ridruejos y compañía terminaba una columna periodística con una especie de nostalgia del golpe de estado, mientras los líderes de la derecha llamaban a "la rebelión cívica" por toda España. Un panorama absurdo e increíble para el año en el que estamos, en el que los hijos y nietos del antiguo régimen se llenan la boca de todo aquello que negarían encantados a los demás: libertad, democracia, respeto a los derechos del adversario, transparencia gubernamental, dignidad y respeto a las víctimas. Es tan obsceno que uno sólo puede sentir náuseas.
sinsal 5.0
Han vuelto!!!

Sábado 3 de Marzo. Salón de actos del MARCO. 20.00 horas: LITTLE ANNIE + BABY DEE








Martes 3 de Abril. Auditorio Centro Cultural Caixanova. 21.00 horas: BONNIE PRINCE BILLY + FAUN FABLES






drivin´
Voy conduciendo por Jenaro de la Fuente y una alumna en prácticas de una escuela, delante de mí, avanza respetando los 50 km/h de máxima en ciudad, señala con los intermitentes cada cambiode carril, frena respetuosamente detrás del bus que no puede parar en su parada ocupada por 50 coches apelotonados en ella, espera pacientemente a que el bus arranque mientras tras ella suena la sinfonía de los cabreados al volante por tener que esperar cinco segundos extra. Por detrás de nosotros veo por el retrovisor un opel astra tuneado que, a unos ochenta km/h se salta un par de semáforos -el conductor siempre diría que los pasó en ambar-, cambia de carril ocho veces en busca del segundo no perdido jamás, pita lo que haga falta y echa chispas cuando se para por culpa de algún conductor de autoescuela. Compruebo que algunas personas al volante se comportan como cirujanos operando a vida o muerte mientras a su alrededor otras van igual que los concursantes del programa ese del humor amarillo. Por desgracia para las primeras todos convivimos en el mismo espacio. Vivir, conducir, tirar p´alante.
pocoyo
Gracias a un compañero del cole descubro la serie "pocoyo", animación para niños de 0 a 3 años que mezcla los prodigios de animación a lo pixar con el toque clásico barrio sésamo y el espíritu cartoon (aligerado) de los clásicos warner. Mención aparte para su banda sonora, un festival musical que le saca los colores a todos aquellos que siguen pensando que un tema para programas infantiles precisa de estrellas mediáticas de baratillo. Bravo por la cadena inglesa que lo emite y por sus autores, los españoles Guillermo García y David Cantolla, responsables de todo el asunto.




(+ episodios de pocoyo)
cormac mccarthy, no es país para viejos




Hace tiempo que dudaba entre leer o no a Cormac McCarthy. Su leyenda de tipo coherente consigo mismo que, pese a ser un autor de considerable éxito, le llevaba a vivir en una caravana en medio del desierto, me hacía saltar todas las alarmas. Mis prejuicios últimamente van por la vía de salir corriendo cuando me encuentro con alguien absolutamente coherente con lo que piensa. Grave error.

McCarthy liga su novela a un territorio concreto, la frontera entre México y Estados Unidos, y se ancla a los interminables kilómetros de desierto que unen dramáticamente ambos países. Los protagonistas, a raíz de un hecho fortuito relacionado con las trifulcas entre cárteles de droga, quedan ligados por un juego de persecuciones, violencia y muerte que tiene sus orígenes remotos en la propia fundación de los Estados Unidos. Todo el libro está recorrido por la lucidez y el escepticismo del que ha ido viendo como las vidas de sus compañeros de generación, y las de los hijos y nietos de éstos han ido yendo a peor progresivamente. Un ir a peor que va más allá de los grados de bienestar material y que tiene que ver con la ruptura de cualquier clase de vínculo social. Ruptura que muestra síntomas agudos como las actuaciones de las bandas de criminales y de traficantes de drogas o de los innumerables policías corruptos que les sirven de colchón, pero que exhibe su carácter de enfermedad crónica en las acciones de las legiones de ciudadanos amorales que actúan conforme a sus necesidades del momento. El país está podrido hasta la médula, viene a decir McCarthy, pero no es una corrupción que venga de fuera, sino una enfermedad interior cuya ligazón absoluta al modo de vida propio la convierte en inatacable. Y de ella nacen esa omnipresente violencia aleatoria, las muertes gratuitas, el sufrimiento y el dolor repartidos discrecionalmente a todo aquel que tenga la desgracia de estar en el momento erróneo en el sitio equivocado.

Dos personajes marcan dramáticamente el ritmo de la novela. Uno de ellos es un asesino a sueldo convencido de ser una herramienta del destino. El mal absoluto, implacable, eficiente y racional hasta el delirio. El otro es un sheriff a punto de la jubilación que asiste atónito al reguero de muertes y violencia que salpica los pueblos de su región. El bien, si se quiere, pero corroído por la falta de sustancia de sus propios planteamientos, erosionado por una desconfianza fundamental en sí mismo. El contraste entre los dos personajes es extraordinario. Uno sólo piensa en ejecutar su siguiente misión con su habitual precisión quirúrgica. El otro, sometido al machaque inmisericorde de su propia conciencia, sólo puede observar atónito un mundo que le resulta incomprensible e insoportable. Y todo contado con una concisión exagerada. Y cuando los personajes hablan, es mediante diálogos en los que apenas se intercambian algo más que monosílabos. El único que se explaya de manera doliente es el sheriff a lo largo de varios monólogos interiores en los que echa de menos un pasado menos malo, una vida menos insoportable que la actual. Estos dos personajes dominan la narración con su presencia como en un segundo plano. Uno de ellos abre cada capítulo con su monólogo interior, el otro interviene puntualmente alterando radicalmente la trama con sus acciones. El resto de los personajes, que aparentemente tienen más cancha y que sirven de excusa al movimiento de la historia, son insectos en una telaraña, piezas del ajedrez que se juega sin que ellos lo sepan, criaturas desamparadas con información mínima sobre lo que está ocurriendo a su alrededor, víctimas propiciatorias de fuerzas que superan de largo las dimensiones microscópicas de sus existencias.

Hace tiempo leí en un periódico de aquí que unos maestros encontraron de casualidad una encuesta que enviaron en los años treinta a varias escuelas del país. Incluía un cuestionario sobre cuáles eran los problemas de la enseñanza en esas escuelas. Y encontraron unos formularios que habían enviado desde varios puntos del país respondiendo a estas preguntas. Y los mayores problemas mencionados eran cosas como hablar en clase y correr por los pasillos. Mascar chicle. Copiar los deberes. Cosas por el estilo. Cogieron uno de los impresos que estaban en blanco, hicieron fotocopias y los volvieron a enviar a las mismas escuelas. Cuarenta años después. Y he aquí las respuestas. Violación, incendio premeditado, asesinato. Drogas. Suicidio. Me puse a pensar en eso. Porque la mayoría de las veces cuando digo que le mundo se está yendo al infierno la gente simplemente sonríe y me dice que me estoy haciendo viejo. Que ese es uno de los síntomas. Pero lo que yo creo es que cualquiera que no vea la diferencia entre violar y asesinar gente y mascar chicle tiene un problema mucho mayor que el que tengo yo. Y cuarenta años tampoco es tanto.
Ten Thousand Islands, my dear loved green place
Vía la copa de Europa descubro este vídeo del grupo español ten thousands islands. Ideal para estos días de carnaval ahogados por un millón de borrascas sucesivas.



Jorge Alemán (I)
He estado dos días escuchando al psicoanalista y filósofo Jorge Alemán hablando sobre Freud, Heidegger y Lacan y las conexiones entre la analítica existencial del segundo y el psicoanálisis a la manera del tercero. De lo mucho bueno que ha dicho, una frase soltada casi al final que daría para años de discusión (cito de memoria): "¿la ética? ¿qué sentido tiene hablar de ética si la política ha desaparecido? ¿qué sentido tiene hablar de ética si no hay vínculo social?"
fatiga de materiales
Un día más me quedo en el colegio por la tarde para recibir a varios padres de mi tutoría. Entre el plácido discurrir de la normalidad ("es un poco vaguete", "se distrae con facilidad", "hay que estar encima para que estudie", "está en una edad en que son pesadísimos") se cuela un caso realmente fastidiado, en el que se mezclan la enfermedad, los problemas familiares, los desarreglos psicológicos asociados y casi todas las combinaciones posibles que admita la palabra "problemas". Mientras la madre desgrana con emoción el cúmulo de desgracias, me viene absurdamente a la cabeza el anuncio ese de IKEA en el que un rodillo de 200 kg machaca un colchón inmisericordemente durante meses para garantizar la fiabilidad de sus productos. Su cara refleja con precisión los dos años de los que me habla, y, de vez en cuando, esboza la sonrisa en la que cristaliza en algunas personas el exceso de tensión. Abrumado tras su narración -que termina mejor de lo que empezó: puede haber solución clínica en el horizonte-, me recuesto en mi silla y me revuelvo sin saber qué decir. No tengo nada de lo que echar mano. Ni siquiera una experiencia propia para compartir, algo que exprese de manera cierta mi apoyo en estos momentos y que singularice mínimanente la entrevista que hemos tenido. Tapo el silencio con observaciones inocentes sobre la actitud del niño en clase, comento algunas observacions que hacen sobre él mis compañeros, actúo un poco, ofreciendo fragmentos de una normalidad irreal. Nos despedimos lentamente comentando banalidades. Decido no pensar.
círculos difusos
Estoy parado en el semáforo que hay entre Vázquez Varela y Pizarro. Mi coche está allí, yo estoy allí, pero mi cabeza está doce horas antes en una fiesta de cumpleaños. (Los semáforos en rojo hacen más por nuestra salud mental que cualquier otro aparato que conozca). Había mucha gente, y yo soy de los que desconfían de las grandes reuniones, especialmente si ninguno de los invitados fuma. En realidad soy de los que desconfían de las fiestas. Siempre las he tenido bajo sospecha, como si temiera que en una de ellas saliera algo de mí que no quisiera conocer demasiado. Estaba en la fiesta y había muy buen ambiente y en poco tiempo bajé mi sistema inmunitario-social y me dejé llevar gradualmente y dije algunas tonterías ayudado por un par de copas y me reí discretamente para que no pareciera que me lo estaba pasando demasiado bien y liquidara de golpe mi trabajosa imagen de tipo cenizo tirando a plomo. Y en medio del barullo tomé distancia y pensé en cómo los círculos de amistades parecen zanjas en la tierra, se crean, se van haciendo hondas con el tiempo y de pronto un día cada cual está rodeado de varias circunferencias concéntricas de distintos tamaños, y uno se siente seguro en el centro de ellas, contenido en algo y al mismo tiempo sabiendo que forma parte de otros círculos que contienen a otros. Y de la mano de ello volví a ser consciente de la mucha necesidad que tenemos de dar cuidados a los demás y de dejar que otros nos cuiden. Y de lo bien que lo ocultamos, claro, no olvido que ésto es un juego de ocultamientos y presentaciones, un equilibrio precario, inexplicable muchas veces. Entonces, bajo la luz roja del semáforo cruzó una pareja insospechada, un hombre de unos setenta años de la mano de una joven asiática que no llegaría a los veinticinco. Me imaginé los círculos de ambos, saltando en pedazos y los dos solos, sólo tierra alrededor. Qué fácil me lo puso el semáforo. Verde. Arranqué, pero por el retrovisor dejé una mirada última.
 

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