la españa profunda es inmor(t)al
En Morón de la Frontera (Sevilla) han nombrado alcaldesa honoraria a la virgen María Auxiliadora. Dentro vídeo:




La duda que me asalta es, y este alcalde ¿será de Rajoy o de Esperanza?
sobre la indefinición
Él me dijo, la verdad, no sé que clase de vida estamos llevando. Yo le dije, por? Él me dijo, tengo la sensación de que se nos está escapando algo, algo que es gordo y grande y sin embargo se nos está escapando. Yo le dije, haría un chiste fácil. Él dijo, ese es parte del problema, hacemos chistes de todo porque así nada parece tener importancia. Yo le dije, a ver. Él me dijo, nada parece afectarnos realmente, sólo lo que nos duele directamente, todo lo demás resbala sobre nosotros, por eso tengo esa sensación. Yo le dije, la anestesia tiene sus límites, incluso aunque uno la lleve puesta todo el día. Él dijo, espero que no sea demasiado tarde cuando descubramos lo que se nos está escapando. Yo le dije, ya es demasiado tarde para casi todo, eso es lo que me parece. Él me dijo, ya te estás quedando conmigo. Yo le dije, de verdad que no. Él me dijo, a veces tengo la sensación de que nunca vas en serio con nada, ni siquiera cuando quieres hacerme una broma, ni siquiera te tomas la broma en serio. Yo le dije, voy en serio casi siempre, pero parece que estoy de broma, cuando uno dice las cosas demasiado en serio tendemos a creer que está de broma. Él me dijo, a veces me pregunto de qué vas, siempre hablas como si no estuvieras aquí realmente. Yo le dije, yo también creo que a veces no estoy aquí o no del todo. Yo le dije, no sé a que se debe. Yo le dije, es como si me faltase algo. Yo le dije, algo importante, una pieza sin la cual estoy incompleto. Yo le dije, o muchas, no sé. El me dijo, te falta definición. Yo le dije, como a las teles. Él me dijo, como a una imagen de baja resolución. Él me dijo, odio esta clase de comparaciones. Él me dijo, odio esta clase de diálogos. Él me dijo, bah.
quisiera tener
- una voz
- un micro
- un escenario
- y un tipo que me hiciera los coros como el brian del chandal con la inscripción "berlín" para poder cantar versiones como ésta de mis canciones favoritas:



los nuevos fuegos del hogar
Estoy en el patio del colegio durante el recreo, echando un ojo por las esquinas para comprobar que no andan los mayores fumando. Un grupo de sospechosos habituales se reunen alrededor de un banco, me acerco hasta ellos de manera visible, me pongo a su lado, hablan como si no estuviera allí sobre qué van a hacer el año que viene, el bachillerato, los módulos de formación profesional, el mercado laboral, la nada. La conversación decae y uno de ellos saca un móvil de última generación, todo pantalla y sonido estereofónico dolby surround. Willy, quieres ver un vídeo de gomaespuma?. Acerco la cabeza y todos se aproximan un poco más al objeto. Lo pone encima del banco. Alrededor somos ocho personas, siete adolescentes y un habitante de la edad del aburrimiento. Comienza el vídeo. Es una parodia de una clase en la que los tipos de gomaespuma hacen el papel de gitanos, y cada vez que la profesora les pregunta algo contestan de forma disparatada. Nos reímos con algunos chistes. Me hace más gracia la escena que el vídeo, desde la perspectiva del móvil se verían ocho cabezas inclinadas sobre el aparatito, escuchando a su alrededor historias que otros ya han contado antes. Antes de que termine el vídeo comienza a llover y nos dispersamos discretamente. El fuego vuelve al bolsillo del que salió. Me concentro en las siluetas de mis alumnos desdibujándose entre la lluvia a medida que se alejan buscando otro sitio en el que continuar su conversación. Me quedo solo junto al banco. Hace frío.
young marble giants vs lenny kravitz
Mañana, en la misma ciudad -Vigo-, a la misma hora, dos conciertos: por un lado Lenny Kravitz, figura intrascendente del pop rock de ayer, hoy y mañana, y por otro, los young marble giants autores de aquel legendario "collosal youth", disco seminal del post-punk, de vuelta a los escenarios casi treinta años después. Lamentablemente, la capacidad de atracción del primero supera con mucho a la de los segundos. Sin embargo, ojalá mañana jueves a eso de las 21.00 horas haya una multitud esperando para ver al trío de Gales mientras el norteamericano toca para cuatro gatos despistados.



michael chabon, jóvenes hombres lobo
Los primeros cuentos de Chabon, de mediados de los ochenta. Algunos son realmente deslumbrantes.





Aunque el sexo era algo que los dos percibían como peligroso, el matrimonio, por contraste, les había parecido seguro: una casa segura en un mundo de peligros. El refugio perfecto para dos almas temerosas y solitarias. Cuando estabas soltero, ésto era lo que te decía siempre todo el mundo que estaba casado. El mismo Daniel se lo había dicho a sus amigos que no estaban casados. Pero era mentira. El sexo estaba totalmente relacionado con la violencia, eso era cierto, y el matrimonio era al mismo tiempo un contenedor para la locura entre hombres y mujeres y una frágil barrera de contención contra la misma, igual que era la religión a la muerte y las leyes de la física a la inmensa cantidad de vacuidad absoluta de que estaba hecho el universo. Pero en el matrimonio no había seguridad de ninguna clase. Era una empresa incierta, un viaje en una nave sin probar, a través de un océano hostil,con un mapa que era una falsificación y sin más destino específico que la tumba.
plantas en ausencia de gravedad
Hace poco leí un artículo sobre un experimento en la estación espacial internacional sobre los efectos de la ausencia de gravedad en las plantas. Varias fotos acompañaban el resultado del estudio y todas ellas traspasaban con soltura el límite de "lo científico", llegando a resultar abiertamente perturbadoras. Se veían tallos que crecían en paralelo a la raíz, raíces que describían arabescos mientras las hojas eran muñones vegetales y formas híbridas en las que las partes de la planta resultaban difíciles de distinguir. El artículo decía que, sin la referencia de la gravedad, las plantas no distinguían "arriba" de "abajo", y, abandonadas a la posibilidad de todas las direcciones espaciales se volvían locas literalmente, convirtiendo su crecimiento en una especie de pesadilla que las conducía inevitablemente al colapso. No consigo recordar el motivo exacto de por qué me sentí tan concernido en aquellas imágenes de las plantas retorciéndose con desesperación. Como si la posibilidad de la libre elección de una dirección entre infinitas con total libertad sólo condujese a la autodestrucción. Por suerte, pensé, sólo es biología. Sólo eso.
no se vayan todavía, que aún hay más
Como todos los años por estas fechas toca parada programada. Dos-tres-cuatro semanas como mucho. Lo justo para airearse, coger fuerzas, etc, etc.

Hasta entonces.
normalidad temblorosa
La normalidad para mí es una línea recta. Algo que doy por supuesto y que discurre de manera imaginaria en paralelo con la línea del horizonte. A veces, los acontecimientos la sacuden con intensidades que van desde "perturbación ligera" a "temblor catastrófico". Cuando eso ocurre, cuando la línea de la normalidad se curva y pierde su paralelismo con la línea del horizonte entro en crisis con gran rapidez. Hoy la línea de la normalidad se ha combado de una manera tal que durante unos instantes la ví fracturada en dos partes. Como un imbécil, con cada trozo en la mano, me preguntaba cómo repararla, como devolverla a su condición anterior de línea inexistente que sólo se manifiesta cuando se rompe. Con el paso de las horas -la cosa ocurrió de mañana- la línea fue volviendo sola a su posición inicial. Sin embargo, antes de marcharme definitivamente la miré por el rabillo del ojo y presentaba un temblor ligero, una oscilación arrítmica, un vaivén levemente caótico, como si estuviera acumulando energías para un nuevo latigazo. Volví a casa de vuelta del trabajo. Me conecté a internet. Puse en Google "enfermedades típicas del profesor de secundaria". Buscaba algo parecido a una excusa. La primera referencia era un entrevista a una historiadora sobre la violencia escolar. La segunda era un post del blog "las corrientes salvajes" de septiembre de 2007. Sonreí para la pantalla. Mañana, cuando mire la línea, espero que esté como debería, rectísima, paralela al horizonte, un solo trazo tranquilizador. Mañana.
cosas que aletean
Mis alumnos poseen en su realidad una dimensión extra de la que yo (y casi toda la gente de cierta edad que me rodea) carezco. Cuando se mueven, cuando hablan, cuando se ríen o cuando gritan puede uno percibir a su alrededor una especie de aleteo. El aleteo de las posibilidades probables, el de las posibilidades improbables, el de las imposibilidades probables y el de las imposibilidades improbables. Las primeras suenan como: pan recién hecho crujiente, campanas de iglesia en mitad de una explanada una tarde de agosto, globos que explotan por hincharlos demasiado, hojas secas al ser pisadas en medio de un camino en pleno otoño. Las segundas suenan como: el frenazo de un coche instantes antes de un choque, una bombilla que explota al tirarla contra un muro, pisadas apresuradas bajando una escalera, un trozo de hielo que cruje al empezar a derretirse. Las terceras suenan como: las aspas de un helicóptero que ha empezado a caer, el silbido agudo de un proyectil en caída libre, el estampido sordo de una escopeta, las pisadas violentas de alguien que huye por un camino embarrado. Las cuartas suenan como: un perro que aúlla en mitad de la noche, el batir de alas de un ave pasado a cámara lenta en un documental sobre animales en la dos, el chirrido de un modem de 56 kb al conectarse a internet hace cinco años, la parte final de un disco de vinilo cuando la aguja pillaba ese tramo rayado. A mi alrededor ya sólo escucho, y cada día con un volumen sólo ligeramente superior al del día anterior, los aleteos del cuarto tipo. Empiezo a comprender algo horrible sobre lo imposible improbable y su tendencia inexorable a terminar teniendo lugar finalmente.
frivolidad gratuita
Iba en el coche con a y m, discutiendo sobre el carácter melodramático de alguna gente (ejem) y m dijo "los melodramáticos también tenemos derecho a existir". La frase me hizo gracia, porque revela que todo carácter melodramático oculta un lado frívolo que equilibra las cosas en el día a día. En honor de ese muy divertido lado frívolo de m y de todos los frívolo-dramáticos (ejem) que poblamos la faz de la tierra, he cambiado la reseña que iba a poner sobre un libro que acabo de leer por este vídeo con el que siento una identificación tan poderosa que me entran ganas de pintarme todo de verde y echarme de cabeza a un estanque. Croac! (A los no frívolo-dramáticos no les hará ni pizca de gracia, supongo)



noticias del mundo real
Paso las tardes en casa delante del ordenador. Lo habitual es que dedique las tres cuartas partes los dos tercios del tiempo al trabajo y el otro cuarto el otro tercio a esa nada inmensa que, bajo la luz de la pantalla, me atrapa de manera estúpida. Algo idiota seduciendo a un idiota aún mayor. Pese a ello consigo acabar cosas. Me sorprendo a mí mismo cuando repaso con todo el cuidado de que soy capaz algo que tengo definitivamente liquidado. No soy nada cuidadoso, funciono a latigazos, como si el motor de mis acciones estuviera calándose y pasándose de revoluciones alternativamente. Luego en clase les exijo a mis alumnos que sean todo lo contrario. En realidad sólo quiero gritarles, no seais como yo, es una puta mierda, pero después de decir éso sólo podría dejarlo, nadie se inmola ante los demás y luego hace como que no ha pasado nada. Si fuera más cuidadoso probablemente no diría la mitad de las cosas que digo ni haría las tres cuartas partes de las cosas que hago. Por pudor profesional dejaría de dar clase. Dejaría de hacer otras cosas que hago. Lo mejor sería ni salir de casa. Menos mal que soy el puto desastre andante.
un incierto período de transición (II)



un incierto período de transición



cosas que se desintegran
A medida que me hago más y más mayor (algunos días el proceso se dispara a una velocidad poco explicable, algunos meses el proceso se ralentiza y casi puede llegar a creerse que sí, que puede detenerse) me encuentro con una contradicción que he acordado declarar irresoluble: el mundo, que carece ya de todo misterio, me resulta, sin embargo, totalmente inexplicable. Cómo puede ser que un lugar sin misterio sea inexplicable. Echo de menos la simultaneidad de las dos cosas a la vez, la existencia de misterio y también las explicaciones. Y ya he asumido que no tendré ni lo uno ni lo otro. En una existencia que se puede equiparar geográficamente a una planicie desértica, el misterio garantizaría la expectativa ante lo que estaría por venir, las explicaciones servirían para descifrar el presente. Ni lo uno ni lo otro asoman por estos días y ya la primavera se agotó en su presentimiento. Yo que sé.
 

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