rick moody, días en garden state





Leo de un tirón el primer libro de Rick Moody, escrito en 1989, rechazado por todas las editoriales de Nueva York y, finalmente, merecedor en 1992 del premio Pushcart Press Editor´s.


Cargada de la crudeza propia de toda confesión autobiográfica, la novela retrata la vida marchita de la juventud que habita los suburbios de la megalópolis por excelencia, New Jersey (Garden State, el estado-jardín). El paso del malestar juvenil a la sensación abrupta de que nada merece la pena. Los días interminables sin saber hacia donde dirigir los pasos. La búsqueda de trabajos que sólo merecen el calificativo de despreciables. Las perspectivas de una vida alienada, gris, consumida entre las luces desvaídas de un bienestar material que ya no puede ocultar el agujero inmenso que son las vidas de la clase media norteamericana (y, por extensión, de la clase media occidental). Las relaciones irrisorias desprovistas de todo consuelo o de toda ilusión de pertenencia, la sensación perpetua de, incluso estando acompañado, una soledad irremediable, el disfrute enfermizo y doloroso de los supuestos placeres juveniles (sexo-drogas-alcohol), la asfixia de unas familias dislocadas en las que todos sus miembros se ahogan en el cauce de su parálisis emocional. Todo eso y más. De fondo, el paisaje degradado del estado jardín, salpicado de fábricas abandonadas, autopistas de seis carriles, malls inmensos en los que ahogar la punzante sensación de vacío, escombreras y verterderos gigantescos, restos y ruinas de edificios y centrales eléctricas, la huella borrosa de la modernidad industrial, el fantasma de las relaciones surgidas de otra concepción del trabajo, de la vida estable en una comunidad. Y, más al fondo aún, el espectro terrible de la locura o de los trastornos que la bordean (Moody estuvo internado un mes en un psiquiátrico), como síntomas más evidentes de la descomposición social que siguió a los amorales años ochenta de la presidencia Reagan. Inmenso.

Lane estaba teniendo problemas para concentrarse en la terapia cognitiva, que aquel día se ocupaba de la ansiedad. Se estaban ocupando, en realidad, de algunos de los miedos de Lane, que él había enumerado mientras esperaba que le tocase el turno: conversación, noche con nubes, asesinato y asesinato violento, relojes, risa, poesía y tecnología. Tenía miedo a los viejos (y a hacerse viejo), a África, a los ataques aéreos. Tenía miedo a la carga genética, a la primogenitura y a la herencia. Ahora tenía miedo a la fiesta y los dioses, o a la falta de ellos. Tenía miedo a los combates de boxeo. A las tiendas de bebidas. Tenía miedo a Paterson, New Jersey. Tenía miedo a cualquier tipo de situación marital: casado, soltero, viudo o divorciado. Tenía miedo a cualquier día bueno y a las responsabilidades que implicaba eso y a lo que él podría decir y a las expresiones de los demás cuando él hablaba con ellos por teléfono. Tenía miedo de lo que iba a pasar y a lo que iba a hacer. Y principalmente tenía miedo a su propia vida y opiniones, a su pasado, que volvía a él en una batalla que avanzaba palmo a palmo.
incendios
Noche del sábado 13 al domingo 14.
1.00 am

Todas las ventanas de la casa abiertas por causa del calor (26º C según nuestro termómetro). De pronto, en medio del duermevela previo a la conciliación del sueño, escucho un ruido extraño por la ventana, muy parecido a la lluvia cayendo sobre una superficie metálica; trato de identificar el sonido y no soy capaz. Abro los ojos y, por la ventana, una luz espectral que no procede de la luna ni de las farolas, produce un reflejo tembloroso en los cristales. Me incorporo violentamente. El olor que inunda la casa es inconfundible: ahí fuera, muy muy cerca hay algo ardiendo.

Asusto a A con una especie de chillido histérico "hostia!". Nos asomamos a la ventana del baño y vemos, justo al lado de la casa de los padres de A, unas llamas que devoran la maleza de la finca contigua. Unas llamas que se recortan con violencia contra la oscuridad de la noche veraniega. Cojo el teléfono y la guía al mismo tiempo con el corazón retumbando violentamente en mis sienes. Me hago un lío, marco mal el número de los bomberos dos veces. Cuando me cogen la llamada no soy capaz de dar el número de teléfono de mi casa de lo nervioso que estoy. Espero unos minutos a que me devuelvan la llamada para verificar que no soy un bromista. Salgo afuera, en pijama y zapatillas. Delante de casa está ardiendo también el contenedorde la basura. Siguiendo hacia arriba, pasada la casa de mis suegros, se ven los penachos rojos y dorados de las llamas devorando la finca del vecino. La avenida del aeropuerto tiene una luz espectral que le da a todo un aire alucinado, de profunda irrealidad. En el lado opuesto de la carretera, vecinos en bata, en zapatillas, en pijama miran aterrorizados las dimensiones del fuego. Corro hacia la casa de al lado. Mi suegro tiene una manguera con la que hace frente a un fuego que le triplica en altura. Las llamas están a unos tres-cuatro metros de su casa. Pienso en el depósito de gasóleo de la caldera. Pienso en que si viene una racha un poco fuerte de viento la cosa se va a poner horrible. Pido instrucciones. Me mandan que coja la manguera de nuestra casa y la enchufemos al pozo para humedecer todo lo posible el terreno que queda entre el fuego y la casa. Corro. Me lío quitando la manguera del grifo al que está unida en nuestra casa. Pasan los minutos y el resplandor hace que todo parezca profundamente irreal. Sin embargo el olor a madera quemada, las cenizas que pasan en ráfagas cerca de mi cabeza me recuerdan que la vista me está jugando una mala pasada. Llevo la manguera. Mi suegro es una figura diminuta delante del fuego. Estoy aterrorizado mientras intento conectarla al grifo de su pozo. Histérico, compruebo que no entra: la rosca no encaja en él. Pienso, estoy en zapatillas y pijama delante de unas llamas de tres metros. El depósito de gasóleo a cinco del fuego. Oigo una sirena. Por Dios, nunca me he alegrado tanto en mi vida de oír ese sonido, de ver esas luces.

En diez minutos los bomberos liquidan el incendio. Comparo las mangueras que usan con las que tenemos nosotros. Las ropas que llevan. Las botas que calzan. Pienso que las heroicidades domésticas están condenadas siempre al fracaso. Veo a mi suegro con sus zapatillas hablando con uno de los bomberos. Su tarea de humedecer el terreno ante el fuego ha impedido que éste se acercase más a la casa. Me tranquilizo un poco y pienso en que todo lo que hice fue bajo los efectos de un pánico considerable. Si me hubiera parado un minuto a coger aire, me habría vestido, me habría calzado algo mejor que con las chanclas de surf que compré en las rebajas de El Corte Inglés, habría arreglado la llamada a los bomberos en veinte segundos, habría buscado un adaptador para la jodida manguera.
Etc.

Ayer por la tarde desde la playa vimos como un nubarrón de color ocre tapaba el sol y cubría todo el cielo con una especie de mancha difusa semejante a la suciedad que queda en los cristales después de mucho tiempo sin limpiarlos. Caían pequeños fragmentos de cenizas. En la radio hablaban de un incendio en Campo Lameiro (a unos 40 km de donde estábamos) y otro en Ribeira (casi 100). Al volver para casa el aire tenía un olor intenso a madera quemada. Recordé un artículo que leí hace poco y que decía algo así como que en diez años, el Sáhara empezará en los Pirineos. Aquí, en Galicia, como sigamos así, en cinco ya estamos en ello.
¿nuevos? nazis




Los portavoces de una organización política ilegalizada amenazan a la policía si se le ocurre disolver una manifestación no autorizada. Lo sorprendente es que algo así todavía me llame la atención. Yo me pregunto qué pasaría si una organización que se llamase algo así como partido nazi vasco o partido nazi español, partidario de la lucha armada como elemento fundamental de su discurso político, e ilegalizado por su relación con una banda terrorista, amenazara de esa manera a un consejero de interior.

El grado de sobramiento de los iluminados nunca dejará de sorprenderme.
rambo hispano-freak




Yo creo que ésta es la foto del verano. Un fulano de aspecto inclasificable se pone en medio de las tensas manifestaciones que están teniendo lugar en Roquetas de Mar por la muerte a manos de la Guardia Civil de un agricultor, y, en un momento dado, saca una pistola de fogueo, farfulla algo incomprensible y es reducido rápidamente por los agentes de seguridad. La casposa España profunda, la del Foro en defensa de la familia, la que saca pancartas con un ataúd y una leyenda que dice "Carod, ésta es tu casa", la que disfruta con los reality shows de la tarde, la que cree que los participantes en OT son artistas, la que entra en las estadísticas de ese 50% que nunca lee un libro, toca un periódico o abre una revista, la que va a la entronización del Papa nazi, la que piensa que Acebes es un hombre sensato, Zaplana un estadista en potencia, Aznar un prohombre, Jiménez Losantos un comunicador y Ana Botella esa mujer... toda esa España recogida en un instante, resumida en una fotografía, condensada en un momento de espanto bizarro, sublimada en una imagen que asusta y repugna a partes iguales, representada por uno de sus miembros menos conspicuos arrebatado por el calor andaluz, por el griterío popular y que en circunstancias adversas siempre tendrá ganas de gritar "todo el mundo al suelo: se sienten, coño!"
exhibirse, curarse
A través del blog de opaco (quien, a su vez, lo vio en alt1040), descubro una historia que no sabría muy bien cómo calificar. Un hombre, David LaPuma, descubre un día que se ha levantado sin el sentido del gusto. Alarmado por este hecho va al médico (no quiero ni imaginarme en su situación), que, tras varias pruebas, decide hacerle un scanner para descubrir que tiene un pequeño tumor en uno de los lóbulos cerebrales. Como es pequeño le dicen que espere unos meses mientras lo machacan con medicamentos que prefiero no saber ni como se llaman. Tras ello, una nueva prueba determina que el tumor ha crecido y que hay que extirparlo. Hasta aquí uno más de los miles de dramas médicos que vive la humanidad cada día. La historia, sin embargo, comienza en el momento en el que David LaPuma decide sacar fotos del proceso y colgarlas en su cuenta flickr (OJO con el enlace, contiene imágenes poco aptas para estómagos delicados): la noche antes de la operación, durante ella (obra del propio cirujano!!!), y después, mostrando las diversas fases de su recuperación y algunas imágenes del tumor.

Hay algo terrible en todo el proceso, en especial en las imágenes de la operación del cerebro -que he visto con una mano delante de los ojos, intuyendo lo que allí se mostraba, ya dije que cuando estoy enfermo debería ir al veterinario por gallina-, y, al mismo tiempo, algo increíblemente emocionante en toda la historia que cuenta detalladamente en su propio blog, llamándole al tumor "el alien". Digamos que mostrar en internet tu propio cerebro en el sentido literal requiere una dosis de atrevimiento increíble, una especie de pérdida absoluta de temores y prejuicios derivada de la situación que se está viviendo. Digamos que a veces el exhibicionismo puede ser una fuente, sino de curación, si de consuelo: los mensajes de ánimo de gente desconocida salpican los comentarios de las imágenes y de los posts. Una especie de abrazo virtual por parte de una humanidad anónima que empatiza automáticamente con las historias más tremendas, las que nos ponen al límite de nuestra capacidad de supervivencia. Todavía no sé si me parece horrible o maravilloso o una mezcla tóxica de ambas cosas, una situación novedosa (o no: me acordé de Orlan y de esos vídeos en los que se pueden sus treinta operaciones de cirugía en las que iba alterando su cuerpo a su voluntad, construyéndose a sí misma a su propia medida) imposible de ser encajada en una categoría determinada, reacia a dejarse clasificar con nuestros criterios morales y estéticos habituales.

La pregunta posterior que me hice fue: en una sitación semejante, ¿cuántas personas tendrían la capacidad de tomar la distancia suficiente con algo así para hacer una narración pormenorizada hasta lo quirúrgico de su propia experiencia? Preso de mi propio pánico, yo no sería capaz ni de encender el ordenador: ya no hablo de darle mi cámara digital al cirujano y decirle: "cuando me hayas abierto la cabeza, quiero una de frente, otra de perfil, dos con bisturí, y otra con las pinzas esas que te sirven para apartar las meninges". Glups.




[Una imagen que me puso la piel de gallina: David y su novia, la noche anterior a la operación.]
la isla
Hace un par de días fui al cine a ver "la isla", un subproducto cinematográfico que podría encuadrarse en ese género que arrasa últimamente que es la serie B con presupuestos elefantisíacos. No fue la trayectoria de su director, Michael Bay, autor de "Pearl Harbor" y "Armaggedon" (no he visto ninguna de las dos, y, por lo visto hasta ahora, no tengo intención de hacerlo), ni tampoco los efectos especiales -que sería un excelente motivo para meterme en un cine una noche de agosto con 27º en casa a las 0.00 horas-, o la curiosidad por una historia al menos un poco simpática -ay, como añoré "la fuga de Logan", mientras visionaba "la isla"- sino por su actriz protagonista, la ya totalmente elevada a los altares del star system planetario, Scarlett Johansson.





En el sentido en el que iba a ver la película no he quedado defraudado: los primeros planos de Scarlett son abundantes y su inmensa fotogenia hace que uno no se arrepienta de haberse metido en el cine con un escepticismo que se dispara cuando, después de media hora de película todos los diálogos se reducen a "corre más", "vale", o "corre más", "no puedo". Aunque hay algo que me desagrada profundamente, y es el tratamiento visual de tía-buena que se empeña en darle el director. En realidad supongo que esperaba volver a ver a la Charlotte de "lost in traslation", la chica de la mirada encadenada al corazón de su incertidumbre, y eso, en una película en la que de media hay una explosión cada tres minutos, iba a ser un poco difícil. Al salir del cine, la temperatura exterior era de 23º (eran casi las tres de la mañana). Lo mejor, Scarlett aparte, los primeros veinte minutos y el diseño de producción: magníficos los vehículos futuristas y la ciudad de Los Ángeles del 2019. Lo peor: el guión, con unos fallos increíbles para un producto de semejante presupuesto, la dirección, espasmódica, arrítmica, desquiciante en muchos tramos, y la sonrojante traca final, más propia de una película de Disney que otra cosa.
valdimír holan, dolor
Un amigo me recomendó encarecidamente que leyera este libro. Gracias infinitas por la recomendación.





LA CAÍDA


En cada libro hay un lugar donde se halla una mujer
a la que querríamos besar,
hasta que tuviera en las esquinas de los ojos un eclipse de
luna,
y nosotros, como si antes de la ejecución
ella nos hubiera vendado los ojos...


En cada libro hay también un lugar,
donde amamos el pecado. No es siempre un amor desgraciado.
Sí, sé que hasta de la sangre sale humo...
Sexo del libro... Pero los sueños no se explican.

el cobarde va al médico
Hace unos días me di un buen golpe con la esquina superior de una de las puertas del coche. Su extremo puntiagudo, al cerrarla, a causa de un despiste, se me clavó entre dos costillas haciéndome ver todas las estrellas conocidas del universo y algunas del universo profundo por conocer. Después de cinco días soportando los dolores con el vago pensamiento de "ésto se pasa solo", decidí ir al médico no fuera a ser. Mi organismo, preparado por naturaleza para lograr el placer y evitar el dolor, se sintió algo tenso nada más entrar en el centro de atención primaria y ver al lado a una señora muy colorada que amagaba con desmayarse mientras respiraba aceleradamente. Glups. Tras una tensa espera y un breve intercambio de palabras, la médico me ordenó echarme en una camilla y quitarme la camisa para examinarme con el fonendoscopio (ya, todo ésto parece el resumen de alguna peli porno de todo a cien, pero lo siento, no lo es). Nada más sentir el frío del metal en el costado noté como mi corazón pasaba al modo "turbo" mientras la cara de la médico era todo un poema: "vaya, tienes una taquicardia", "ya, me pasa siempre que me echo en una camilla para que un médico me encuentre algo malo", "uy, te voy a hacer un electrocardiograma", "¿qué?" sudores fríos ¿estaré fibrilando? Me visto, me levanto, mi pulso se calma. Bajo con la enfermera al local donde hacen electrocardiogramas mientras pienso "me cago en la maldita puerta del coche, mañana la cambio por una cortina". "Échate en la camilla, sácate la camisa, etc". Efecto inmediato al sentir las pinzas en las muñecas y los tobillos: batucada en mi cabeza, trenes descarrilando por mi sistema circulatorio, un dj en mi corazón subiendo los bpm hasta el infinito y más allá. "Tienes una taquicardia" observa la enfermera, "ya, me pasa cuando me ponen un millón de cables y me sujetan las extremidades con pinzas conectadas a un aparato que hace pip-pip-pip", "es normal, le pasa a mucha gente", "¿tiene cura?", cara de resignación, le leo el pensamiento: "la cobardía no se cura, capullo". Subo con el electro de vuelta. La médico sonríe: "está todo bien, el latido es regular, es una simple taquicardia sinusal generada por una situación de stress", "tiene cura?", le leo el pensamiento "las gallinas, al veterinario, por favor", mientras dice "es algo muy normal".

Salgo de allí con una receta de antiinflamatorios y un volante para el radiólogo "para descartar una microfractura". En la consulta se quedan parte de mi autoestima y de mi maltrecha dignidad... hasta la próxima exhibición, claro.
la ciudad de los grupos acabados
Ayer por la noche tocó en Vigo el grupo the Prodigy. Fui a ver el concierto, un poco por rememorar algunos de sus himnos garrulos, un poco por curiosidad a ver si estaban tan terminales como sospechaba y otro poco por hacer leña del árbol caído. Y la verdad es que no me defraudaron en ninguno de los tres aspectos: tocaron breathe, firestarter, smack my bitch up y poison, todoas colocadas estratégicamente cada dos o tres canciones de su nuevo -e infumable, por lo escuchado ayer- disco, para levantar los ánimos de un público mosqueado por la hora de retraso en el comienzo; en lo que se refiere a mi segunda motivación, ver a liam howlett moviéndose -arrastrándose sería más exacto- pesadamente por el escenario, bailando como si fuera una caricatura de un bacala cualquiera y mostrándonos generosamente el dedo corazón extendido de sus dos manos era un espectáculo entre lo circense y lo patético; y en lo que se refiere a lo último, oír al cantante principal Maxim Reality cantando como el culo mientras soltaba cada dos por tres "everybody, Vigo, ¿you want some more?" y "fuck off" invitaría a que me desparramase unas cuantas líneas más sobre el lugar que han alcanzado estos chicos en el panorama circense -perdón, musical- mundial. El concierto duró unos cincuenta minutos, que a mí se me hicieron larguísimos, aunque la multitud enfervorizada pedía más metralla, más dosis de ese garrulismo que fusiona la música dance y el rock siguiendo los peores caminos posibles.

De todas maneras, mi observación es la siguiente: hace dos años vimos en el mismo escenario a oasis, hace uno, a primal scream; éste, a the prodigy; ¿hay alguien empeñado en traer a Vigo a todos aquellos grupos que hayan tenido su mejor momento hace diez años exactos? Lo digo porque ya podemos ir haciendo un calendario anticipado: 2009, chemical brothers; 2010, the strokes; 2011, franz ferdinand; 2012 !!!; 2013, lcd soundsystem, etc etc. (A ver si hay suerte y no tienen que ponerles la bombona de oxígeno que pidieron los miembros de prodigy en el vestuario)
zygmunt bauman, identidad
Leo intensa y compulsivamente un libro -identidad- de un autor -el sociólogo anglo-polaco Zygmunt Bauman- al que deseaba leer hace ya unos años. Sólo me pregunto, ¿por qué he aplazado tanto tiempo la lectura de su obra?




Este libro recoge la correspondencia (electrónica) entre Bauman y Benedetto Vecchi. Éste lanza preguntas que el polaco responde con un despliegue de inteligencia, sabiduría y lucidez que deja al lector literalmente alucinado. Podría abrir cualquier página al azar y poner lo que allí hay escrito -tal es la calidad de lo va escribiendo Bauman- pero he decidido seleccionar un poco y quedarme con un párrafo que me ha llamado especialmente la atención sobre las relaciones de pareja en la era de la "modernidad líquida":

En un mundo donde se practica la falta de compromiso como una estrategia vulgar de la lucha de poder y de la autoafirmación, hay pocas cuestiones en la vida (en caso de que haya alguna) que se puedan predecir, sin temor a equivocarse, que van a durar. Por tanto, el "presente" no está unido al "futuro", y no hay nada en el "presente" que nos permita adivinar, ni mucho menos visualizar, la forma de las cosas por venir. El pensamiento a largo plazo (y aún más las obligaciones y compromisos a largo plazo) se perfila efectivamente como "sin sentido". Todavía peor, pensamiento, obligaciones y relaciones a largo plazo parecen contraproducentes, categóricamente peligrosos, un paso insensato, un lastre que hay que tirar por la borda y que en primer lugar hubiera sido mejor no subir a bordo.


Son noticias preocupantes, incluso aterradoras. Los golpes se dan directamente en el corazón de la forma humana de estar en el mundo. Después de todo, el peliagudo meollo de la identidad, la contestación a la pregunta "¿quién soy yo?" y, lo que todavía es más importante, la credibilidad continuada de cualquiera que sea la respuesta a la pregunta, no se puede formular a menos que no se haga relación a los vínculos que conectan al ser con otra gente y se asuma que dichos vínculos permanecen estables y se puede confiar en ellos con el paso del tiempo. Necesitamos relaciones de pareja y necesitamos relaciones de pareja en las que nosotros contemos para algo, relaciones a las que nos podamos referir para definirnos.[...] Luchamos afanosamente por la seguridad que sólo una relación comprometida (sí, comprometida a largo plazo) puede darnos y aún así tememos tanto una victoria como una derrota. Nuestra actitud con los vínculos humanos tiende a ser dolorosamente ambivalente, y actualmente las probabilidades de resolver dicha ambivalencia son exiguas.
daniel johnston
En el RDL del mes de Julio viene una entrevista a un tipo que no conocía de nada: Daniel Johnston. Basta ver las fotos que acompañan el reportaje y leer las contestaciones que da al entrevistador para darse cuenta del agujero mental en el que se ha caído. Una reseña de un concierto suyo en la misma revista ahonda un poco más en el tema. Me pica la curiosidad y pongo a funcionar el soulseek. Me bajo un disco de versiones: The Late, Great Daniel Johnston. La lista de versionadores es bastante impresionante: Teenage Fanclub con Jad Fair, Clem Snide, Gordon Gano, Eels, TV on the radio, Calvin Johnson, Brigth Eyes, Death Cab for Cuttie, Beck, Mercury Rev, M. Ward, Sparklehorse con Flaming Lips, Tom Waits, Vic Chesnutt, Starlight Minds, Thrisle, Guster y The Rabbit (a estos cuatro últimos no los conozco de nada). El disco es simplemente deslumbrante, y ya en una primera escucha entra con una facilidad asombrosa. Después de tres o cuatro veces sobresalen Sparklehorse/Flaming Lips, Vic Chesnutt, Clem Snide y Tom Waits (terrorífico). Animado por el éxito me bajo hi, how are you y me quedo un poco (un mucho más bien) sorprendido: un puñado de canciones absolutamente desnudas -una voz que es un hilo a punto de romperse y una guitarra que debe tener 3 cuerdas mal afinadas-, mal grabadas y sin producción de ningún tipo... ¿Lo-fi extremo? ¿Canción de autor desde el psiquiátrico? Siempre me quedo descolocado cuando las versiones de otros me gustan más que los originales, pero en este caso hay algo que agudiza aún más la sensación, supongo que es la sombra de su enfermedad mental -según el RDL, el hombre dice oír voces en su cabeza, voces que se pelean y lo aturden- planeando sobre ese puñado de canciones temblorosas. Pongo su nombre en google, 2.130.000 referencias. Tras las primeras 800 (todas sobre él) aparece el conocido mensaje: "Para mostrarle los resultados más pertinentes, omitimos ciertas entradas muy similares a los 809 que ya hemos mostrado". Osea que lo de las 2.130.000 va en serio. Glups. Lo malo de Google es que te permite darle una dimensión aproximada a la propia ignorancia.







[Las múltiples páginas de fans, son curiosamente, muy parecidas a la "oficial". Gracias a una de ellas descubro un cómic en el que sale el propio Jonhston cantando "King Kong" a unos niños en un parque. Conmovedor]
días nublados
El verano parece haber desertado vergonzosamente de nuestras vidas. Por las mañanas, niebla y llovizna; por las tardes, hilos de luz filtrándose entre una masa grisácea que tiene ese efecto demoledor sobre el ánimo de llevarnos sin quererlo hacia los días breves y tristes del Otoño.

En estas condiciones, se impone salir de casa a cualquier precio. Evitar quedarse atrapado entre la calidez engañosa del sofá. Pasear las playas desiertas con un jersey grueso y la sensación de ser el penúltimo habitante sobre la tierra. Recorrer los puntos más elevados de nuestro litoral para emborracharse de esa mezcla exacta de melancolía, euforia y soledad que produce la visión del océano abierto hasta el límite de nuestra vista, enfrentado a una borde de rocas y monte que duelen de tan hermosos. Ayer, dolían mucho.




for today, i´m a bird
Ayer, en Santiago, en la Quintana de Mortos, con las campanas de la catedral marcando el tiempo cada quince minutos, asistimos a un pequeño milagro de difícil catalogación. Antony and the Johnsons. Inmenso.




[fotografía de Fernando Blanco para el Correo Gallego]
patio de colegio
Veo con asombro el vídeo del incidente en el congreso de los diputados. Ignoro los detalles exactos, pero la imagen es muy significativa.
Es curioso lo rápido que los compañeros de partido disculpan siempre a aquel que "se calienta" por las frases de un rival. El tener autocontrol y ser consciente de lo que uno representa cuando está en el Parlamento parecen ser virtudes poco valoradas por los señores diputados.

[En el día de hoy, al menos una política ha demostrado tener un sentido del deber que ya quisieran otros: Rosario Arévalo, consejera de medio ambiente de la Junta de Castilla la Mancha ha dimitido de su cargo como consecuencia del incendio de Guadalajara. Al menos hay gente que sabe reconocer sus errores y asumir las responsabilidades derivadas de ello. Bravo.]
incompetencia




No lo puedo entender. Once muertos, doce mil hectáreas de monte arrasado y aquí nadie ha dimitido de su cargo, ni ha salido en los medios de comunicación reconociendo errores, deficiencias o simple falta de previsión. Si los gobiernos socialistas (tanto el de España como el de Castilla la Mancha) van a tener el mismo sentido de la responsabilidad que los del partido popular, entonces estamos apañados.
[En el diario el mundo, algunas imágenes de la tragedia.]
 

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